Adiós................Gonzalo

  Foto; Cristina Garcia Rodero

Habíamos ido como en otras ocasiones a cenar las cuatro amigas de toda la vida, esa noche se nos había unido al grupo Rosa, amiga de la pandilla pero que vivía fuera desde  su boda.



El plan era el mismo de otras ocasiones, cena en el restaurante de José, y después bailongo en el Pub de una localidad vecina, para que no se nos reconociera demasiado, si hacíamos las locas……. 

Entramos al local, dirigí la mirada a la barra pero no estaba -como en las otras ocasiones-, trabajando detrás; me sentí decepcionada, pero al girarme para ver si  el local estaba demasiado lleno, la vi.




¡¡Madre del amor hermoso!!, no pude  abrir más  los ojos,  ella estaba fuera de la barra,  bailando con unas amigas, me quedé mirándola fijamente, tenía ritmo,  todo en ella resultaba muy sensual.

Marga trabajaba en el local de camarera y se movía con rapidez detrás de la barra, después de varias visitas al mismo  pub teníamos cierta confianza, nos saludaba al entrar con un :

-¡Hoooola chicas!, ¿lo mismo de siempre?.- 
y siempre contestábamos:
-Siiiiiiii, tres gintonics y una tónica para la abstemia, la abstemia soy yo.   

Como esta vez no estaba trabajando pedimos la consumición a su compañero de trabajo.Me acerqué a saludar a la dueña del local, es una buena cliente, yo había llevado los trámites de su separación y tenía  varias cosas que comentarle.

Rosa se acercó y me dijo, “ahora, en estos momentos no se trabaja… vamos a bailar, que yo no me he apuntado para oírte hablar de trabajo”, tiró de mi hasta que me unió al grupo  que andaban moviendo su esqueleto por el local y bailando en corrillo. Junto a la pared del espejo un grupo de jóvenes de nuestro pueblo bailaban  y reían, alguien, no sé quien, hizo un comentario: 

 -Mira Tesa “¿Esa no es Patri la hija de Asun, tu vecina?, me han dicho que es Lesbiana”.

Patricia, era una muchacha que yo había visto crecer, que jugó con mis hijos cuando eran pequeños, y que alguna vez la había contratado como canguro para cuidar de mi hija pequeña cuando tenía que ausentarme de casa, pero desde que estudiaba en la universidad  no la había visto. Ahora estaba allí, a dos pasos de mí y bailando con su grupo de amigos, entre los que se encontraba Marga, la camarera.
Al cabo de un rato Patricia se dio cuenta de mi presencia en el grupo de mujeres que tenía al lado y se acercó amablemente a saludar:

-Hola Tesa, ¿Qué haces por aquí? , 
-Ya me ves, bailando con unas amigas y disfrutando de una  noche de soltería prestada. 

Me dio dos besos y charlamos un rato de cosas intrascendentes, como le iba el curso, si pensaba trabajar en verano….

Mis amigas  preguntaron por el contenido de  nuestra conversación, me comentaron que era público y notorio que Patri era “tortillera”, expresión  a la que tengo especial aversión.

-Si es o no es, no os importa, cada uno vive y ama a quien quiere, no creo que nadie tenga derecho  a hacer comentarios  al respecto, dije con expresión de disgusto.

Mis amigas reconocieron que se habían pasado a la hora de hacer el comentario, pero que les extrañaba que una niña tan mona y educada hubiera  salido “así”.

Patricia bailaba ajena a los comentarios malintencionados de mis amigas y yo no quitaba ojo a la camarera del pub que bailaba con ellas, desde que la  había visto por primera vez  -hacía de eso varios meses- no me la podía quitar de la cabeza, quizás  era por su aspecto, un tanto andrógino: pelo corto, pantalones vaqueros, camisetas y camisas. Cuando me miraba  -y lo hacía a menudo- me ponía muy nerviosa, no obstante estaba deseando que hubiera otra “reunión de amigas”, porque eran las únicas ocasiones que tenía para verla.

Nuestros grupos se fueron acercando  y de pronto nos encontramos bailando todas con todas. Patri sabía de mi afición por el baile, me miró y me invitó amablemente a que bailara con ella, era una canción movidita  se me acercó como si fuera mi pareja, me tomó de la mano e improvisamos un ligero rock, fue divertido y excitante; noté como la morena que la acompañaba se sentía algo contrariada por la iniciativa de Patricia, por lo que supuse que eran algo más que amigas,  me separé  rápidamente de mi pareja de baile, con tan mala suerte que fui a tropezar con…….Marga -la camarera- que venía con dos vasos colmados de cubalibre, el encontronazo fue sonoro, los vasos fueron a parar a mi vestido de Custo y a sus pantalones.

-Perdón…. ¡¡¡Joder!!!! cómo ha podido pasar, lo siento.
-Host….. pero mira por donde vas…


Me disculpé como pude, pero de las dos la más perjudicada era  yo, que me había puesto de cubata hasta las bragas, estaba completamente empapada y mi vestido hecho unos zorros.

Marga al ver mi disgusto, se sintió en parte culpable y esbozo un ligero gesto, y dijo: 


-“bueno yo tampoco iba muy atenta, disculpa tu” 


Yo  no sabía donde mirar, estaba avergonzada y nerviosa, Marga retiró los vasos fue a la barra y comentó algo con la dueña del local, que al momento se acercó a mí, y al ver el desaguisado me indicó que fuera a la trastienda para ver si podía secar el vestido.


Marga y yo nos dirigimos allí, mientras que  mis amigas se quedaban bailando y bebiendo, invitadas por la dueña después del “incidente”.


Ya en la trastienda, me dirigí a un  pequeño  cuarto de baño que había para los trabajadores, el lugar era oscuro, con poca luz, había una pequeña mesa de despacho llena de facturas y albaranes, cajas de “güisqui” y de ginebra, un par de sillas y un sillón de despacho de  aspecto desvencijado. 

Mientras yo entraba en el lavabo para ver si podía hacer algo con mi vestido, Marga se dirigió a un pequeño armario y saco un par de toallas, me entregó una sin decir nada; yo me sentía tan  mal y tan ridícula con aquel aspecto que no acerté a pronunciar una sola palabra, me pasé la toalla por el vestido, vi que ella se quitaba los pantalones e intentaba secarlos con el aire del secamanos, entonces me dijo:

- Te recomiendo que hagas lo mismo, o no se te va a secar en toda la noche.

Allí estaba yo, con un aspecto horrible, a solas con una mujer que me ponía muy nerviosa,  que además  acababa de quedarse semidesnuda delante de mí, y yo no acertaba decir nada coherente. De pronto me dijo:

-Venga quítate el vestido, si no lo haces vas a coger una pulmonía.

Sumisa la obedecí,  lentamente me desabroche la cremallera y me desnude, no  me daba cuenta de lo que estaba haciendo,  estaba muy aturdida y nerviosa,  me pareció la mejor solución, me quedé delante de ella, sólo con el sujetador y las bragas,  sin una sola prenda con la que tapar mi vergüenza infinita, ella tomó mi vestido y casi sin mirarme se dio la vuelta,  puso el vestido a secar debajo del chorro de aire caliente. El recinto era pequeño y las dos allí metidas lo hacía aún más angosto, con el ruido del secamanos no oí sus palabras pero sé que terminaron en “preciosa”.

-Perdona, ¿Qué  has dicho?. 
-Que eres preciosa -repitió-.

No me miraba, por lo que no pudo ver como el rubor subía a mis mejillas,  nunca en mi vida me había sentido así.

-Gracias, tu también, acerté a decir.
-Desde la primera vez que viniste………bueno, déjalo….
-No, no, dime por favor que pasa desde la primera vez que vine.
-No nada, sólo que me fije en ti, y en como me miras algunas veces, y bueno………si te he molestado, perdóname… no lo hice con intención.

Yo no sabía que decirle, estaba más nerviosa de lo que lo jamás había estado en toda mi vida, mis manos temblaban, mi cuerpo temblaba y era incapaz de pensar algo coherente, solo acerté decir:

-Estoy temblando y no es por frio porque estoy ardiendo, no sé lo que me pasa cuando te miro, pero me pongo muy nerviosa.

Se volvió  y con mi vestido en sus manos  dijo:
-Toma póntelo, estabas preciosa, te sienta muy bien.
Me lo entregó,  sentí el roce de sus manos en  mi piel, me acarició la cintura mientras acercaba su boca a la mía, cerré los ojos, sentí el leve contacto de sus labios en los míos, como una caricia.

-Oye…. Mira…..yo… –dije aturdida-.
-Está bien lo entiendo.
Se apartó  con la cabeza gacha y un poco disimulado gesto de disgusto.

-No, no me has entendido, me apresure a decir,  sólo que este no me parece el lugar más apropiado para según que cosas.

Estalló en una carcajada, y a consecuencia de ello yo me reí con la misma intensidad, la risa nos relajó, y de pronto me abrazó con fuerza y depositó un profundo beso en mi boca que casi me deja sin aliento.

-Tienes razón, aunque te podrías sorprender de los sitios en los que se hacen según que cosas……….

Yo estaba extasiada,  no sabía ni donde me encontraba, después de aquel beso daba igual si me lo hacía en el lavabo que encima de la mesa llena de facturas, pero ella conservó la cabeza fría, y  dijo:

-Una mujer como tú necesita un sitio más apropiado, ¿Quedamos para otra ocasión?.
¿Otra ocasión?, ¿Pero qué estaba diciendo?...Las ocasiones como esta no se dan todos los días,  pensé, e inmediatamente le dije: 

-Mira, ¿Qué te parece si dejo a mis amigas en sus casas y quedamos para dentro de…….. Una hora?

Su sonrisa me hizo pensar que mi plan le  gustaba más que el de esperar otra ocasión, pero  no dijo nada, asintió con la cabeza, cuando salía de la trastienda, me dijo muy bajito al oído mientras me abrazaba por la espalda:

-Eres lo más bonito que he visto en mi vida, y si me das la oportunidad te voy a demostrar cuanto me gustas. 

Una vez en el local, hable con mis amigas, y les dije que después del accidente no me encontraba en condiciones de seguir y que me quería marchar. Ellas entendieron la situación y nos fuimos. 
Al cabo de la hora prometida estaba recogiendo a Marga del  local. Subió al coche pero no dijo nada, sólo me miró y sonrió.

-¿Donde vamos?, pregunte.
-A mi casa, vivo a cinco kilómetros de aquí, te voy guiando.

Durante todo el trayecto, sólo  habló para darme las instrucciones y llegar a su domicilio, pero me miraba y posó su mano sobre mi nuca, acariciándome el cuello con suavidad, yo tenía la piel erizada de placer, y su mirada fija en mí mientras yo conducía me producía un extraño bienestar,  yo la miraba de reojo sin dejar de ver la carretera, y le sonreí. 

Llegamos a su casa en unos minutos y cuando aparqué el coche, se inclinó y me beso en la boca.

-Muy bien ya  hemos llegado, dijo.

Subimos  en el ascensor, me rodeó con sus brazos y susurrando me dijo que llevaba semanas soñando con esto, que cada vez que me veía fantaseaba con la posibilidad de que  yo fuese lesbiana, pero no se había atrevido nunca a proponerme nada por miedo a ser  rechazada; yo le dije que no era lesbiana y que era la primera vez que me pasaba algo así, y con cada paso que daba en esa dirección más sorprendida me sentía, que nunca se me había pasado por la cabeza ni por lo más remoto que yo pudiera gustarle a una mujer, y desde luego mucho menos que una mujer me pudiera interesar de esa manera.

Entramos en su apartamento  y encendió la luz,  pensé que estaría decorado de manera impersonal, era muy pequeño pero estaba lleno de estanterías con libros, una pequeña cocina americana, la mesa del ordenador perfectamente “ordenada” y cada cosa en su sitio. Se respiraba un ambiente agradable, casi relajante, las paredes del salón pintadas en rosa palo me sorprendieron, y sonriendo me comentó que ya sabía que era algo inusual, pero que cuando llegó al apartamento estaban así y ahora le gustaban, hablamos de muchas cosas, de cómo y cuando llegó al pueblo, de por que había decidido trabajar de camarera en un Pub,  era licenciada en psicología, pero no tenía trabajo,  necesitaba  el  dinero y   no encontró un trabajo mejor,  todo esto me lo contaba mientras preparaba una infusión y yo curioseaba entre sus libros, me sentí algo incomoda, después del primer beso y las primeras caricias  parecía que se había roto en hechizo, parecía que éramos dos amigas hablando de sus cosas, me senté en el sofá mientras ella terminaba de preparar la infusión; Marga regresó de la cocina con una bandeja en las manos con dos tazas  y una tetera con Té humeante, “el mío con limón” -me apresure a decirle- dejó la bandeja  en la mesilla y me trajo el limón, tomamos el Té en silencio, acompañadas por la música que había puesto nada más entrar, yo no me atrevía a mirarla, el silencio se  adueñó de la estancia, estábamos sentadas en el sofá, yo cerré los ojos y entonces comenzó a sonar “What am I to you” de Nora Jones,  se volvió, me miró y dijo: “¿Bailas?”.

Bailamos, durante un rato estuvimos juntas, abrazadas moviéndonos muy despacio al compás de la música, mis manos subieron por su espalda, mientras ella se ceñía a mi cintura, cuando terminó la canción, me paré y  la miré fijamente, me sonreía con sus ojos pero no decía nada, y yo no sabía que hacer, toda mi experiencia en estos casos se limitaba a dos novelas de temática lésbica y unas cuantas películas pornográficas, pero presentía que nada de aquello podía serme muy útil en esos momentos, hice lo más socorrido y pregunte:

-¿Cómo estás?.
-En el cielo, respondió.

En ese instante, y sin tiempo a que yo dijera nada más besó mi boca, su contacto fue largo y muy suave, nuestros labios permanecieron juntos y  mis manos que estaban en su espalda subían y bajaban por ella  intentando que la caricia fuese de su agrado, ella posó sus manos en mi nalgas, y ya sin ningún  tipo de pudor metió su lengua en mi boca.

Sentí que todo mi cuerpo se estremecía, enmarque su rostro con mis manos y respondí a ese beso con otro aún más apasionado, estábamos en el centro de su salón besándonos como si fuera la última vez, con frenesí.

Me condujo suavemente hasta el sofá, me senté y se colocó de rodillas frente a mí, muy despacio desabrochó la cremallera de mi vestido y me lo quitó.

-No sé si lo deseas, pero  si quieres puedes ducharte.

Agradecí su detalle, la verdad es que me encontraba incomoda con el olor a alcohol de garrafón -no era mi perfume preferido y mucho menos para aquella  ocasión-.

Cogidas de la mano me acompaño al baño, me dispuse a ducharme y cuando estaba a punto de meterme debajo del agua, ella se desnudó y me dijo:

-¿No te importa verdad?, así ahorramos tiempo.
-No, que me va a importar, pero estaba algo violenta, era la primera vez que nos mostrábamos desnudas la una con la otra, y bueno… en la ducha………

Me miró largamente y sin mediar palabra me besó, y comenzó una lluvia de caricias que ni me había atrevido a soñar, su boca acariciaba cada poro de mi piel, y sus manos me tocaban allí donde deseaba, sin que yo le dijera nada, caricias que me parecían nuevas,  mi cuerpo nunca se había sentido tan sensible a  caricias ajenas como aquella noche.
Salimos de la ducha y nuestros cuerpos no podían separarse, nos secamos al mismo tiempo, con la  misma toalla,  sin dejar de besarnos y acariciarnos, a partir de entonces todo lo que viví fue una sucesión de sensaciones que me llevaron hasta el más absoluto de los vértigos varias veces, casi me desmayo con  el primer orgasmo, su lengua se mostraba experta y no dejaba que me escapara de su radio de acción. ¡Basta! grite, “por Dios, me matas”. Marga dejó a su presa, que satisfecha pedía tregua y tras  un pequeño descanso comencé yo,  iba recorriendo su cuerpo poco a poco,  me resultaba  extraño y excitante el descubrir como objeto de mi placer el cuerpo de una mujer, creí que conocía cada uno de los resortes del cuerpo femenino para que gozase con  mis caricias, pero ¿sabría cómo hacer para que ella gozara igual que yo lo había hecho unos minutos antes?. Sentía curiosidad por la aventura, esto no era lo habitual en mis relaciones -con él lo normal era que después de la excitación, todo terminara con dos o tres empujones- aquí había que echarle “labia”, nunca mejor empleada la palabra, y ¿me atrevería a realizar las mismas caricias que había recibido?. 

Comencé besando su cuello y fui bajando poco a poco por su cuerpo, lamiendo sus pezones, recreándome en su ombligo,  hasta que la tensión  de su cuerpo me indicó que estaba dispuesta…hundí mi boca entre sus piernas… buscando, hasta que encontré el precioso lugar donde se escondía su placer, y me entretuve descubriendo su sabor, su textura, su olor  me embriago, nunca había sentido nada como aquello, estaba aún más excitada que cuando era yo quien recibía su pasión, cuando sentí el espasmo de mi compañera,  un enorme placer me recorrió,   no quería dejar de acariciarla  y continué hasta que note que sus manos separaron mi cabeza de entre sus piernas, y diciéndome, “ven, sube, necesito besarte y abrazarte”, nos fundimos en un estrecho abrazo, sus besos sabían a mí y los míos a ella. 

Nuestro  abrazo se prolongo hasta que los cuerpos cansados por todo lo vivido se rindieron al sueño, dormimos juntas, abrazadas y desnudas.

A la mañana siguiente, con los primeros rayos de sol que atravesaron la ventana me desperté, ella seguía allí a mi lado, su sueño era plácido y su boca dibujaba una sonrisa, no pude resistir el impulso y la besé, nunca la había visto tan guapa.

Me vestí, y al cabo de un rato pensé en lo que iba a decirle a Gonzalo,  probablemente………………  Adiós! 


lrc











3 comentarios:

Camino dijo...

Obviamente sus relatos como siempre buenísimos, pero he de manifestar mi gran sorpresa cuando he visto la imagen que lo precede, ha sido casi un plagio, y sé que no ha sido Ud. la que lo ha cometido, esa fotografía era MIA –no es que sea yo quien la hiciera, ojala- pero sepa y se lo comunica a la persona “responsable” que: ¡¡¡¡¡¡YO LA HABIA ELEGIDO ANTES!!!!!……

Varinia dijo...

Me ha encantado!
gracias...
V.

Jo dijo...

Acabo de descubrir este blog, y me encanta.
Un gran relato, muy intenso
Seguiré leyendo :)