
Era Mario un hombre cabal, de los de toda la vida, formal, serio, nunca una palabra suya se dio en vano, meticuloso y ordenado, hombre de costumbres fijas de las que se salia muy raramente, y siempre por un buen motivo, en un pueblo como el mio, en el que todos nos conocemos mucho o poco, "Mario el de la Cañá" era casi una referencia horaria, cuando lo veiamos pasar por la carretera con su mobilette de regreso de la huerta, sabiamos que eran las ocho de la tarde, ni un minuto mas ni uno menos