Relato de Camino

Hoy, quiero a gradecer a una muy buena amiga del blog y a una eficaz colaboradora (me corrige la faltas y me indica las cosas que no ve correctas, gramaticalmente hablando)  por el regalo que nos hace, me ha enviado un relato que ha escrito y no le importa que lo publiquemos en este pequeño espacio virtual.
Es una bella historia de amor.
Muchisimas gracias Camino.
Lrc

                               El Informe


Desde que me trasladaron a la oficina situada en la torre Este, Susan, la Jefe del Departamento de Contabilidad, me pareció particularmente hermosa, su largo cabello castaño, iluminado con una algunos mechones claros, era el marco perfecto para su delicado rostro, unos ojos de gata que se escondían tras unas gafas, sus labios delgados -que a pesar de ser contrarios a mis gustos-, ejercían sobre mi una poderosa atracción. El resto de su cuerpo  -en una palabra- apasionante.

Buenos días Susan - la saludé al entrar en el ascensor

Hola -respondió, no puedo decir que rehuía mi mirada, pero por alguna extraña razón, nunca me miraba a los ojos.

En una cena de empresa mis compañeros conocieron -no sin sorprenderse- a Alicia, mi ex pareja, y digo no sin sorprenderse por que según algunos comentarios posteriores, no me ajustaba a los cánones de una persona entendida; ese día Susan iba acompañada de Alex, su novio.

No éramos amigas, sólo compañeras de trabajo, Susan ocupaba la oficina situada frente a la mía, todos los días observaba sus gestos, sus movimientos, que intencionales o no, sentía que dirigía hacia mí.

A media mañana nos reunimos en mi oficina a fin de continuar con el informe que debíamos presentar. Su cercanía era un tormento, el perfume que utilizaba me fascinaba, era perfecto para ella, pero a pesar de todas las sensaciones que despertaba en mí, y las que sabía yo despertaba en ella -cuando me acercaba notaba un leve temblor en su cuerpo-, el trabajo era el trabajo, y formábamos, según los demás compañeros, un buen equipo.

Ya en la tarde -unos minutos antes de abandonar la oficina- coincidimos en los servicios, ella retocaba su maquillaje y su perfume -que colocaba en el pulso de sus muñecas- era un perfume delicado, exótico, sensual, una mezcla de flores, madera y frutos, que según pude leer se llamaba Bahiana.

No sé cual fue la razón, si verla ahí de pie junto al espejo, o su perfume, o la forma tan sensual de pintar sus labios, o quizás todo ello junto, pero no pude resistir acercarme y con la excusa de coger su perfume, situado en la encimera del lavabo, rozar sus pechos. En ese momento, y a pesar de que alguien podría entrar y descubrirnos -lo que tornaba la situación más excitante- algo sucedió que no me esperaba, ella en lugar de separarse se volvió hacia mi, no pude resistirme me acerqué y la besé.

No puedo decir que respondiera ese beso, pero lo cierto es que no se apartó, se dejaba llevar por cada caricia, las disfrutaba, abrazándola pase, las manos bajo su blusa y comencé a acariciar su espalda, es estremecía con cada roce de mis manos, mis labios peregrinaban por su cuello. Ahí contra la pared, acometí la labor de soltar uno por uno- cada botón de su camisa, hasta que pude contemplar sus pechos, su sujetador de color marfil destacaban sus contornos, los liberé y comencé a recorrerlos con mis labios, con mi lengua, iniciando un viaje interminable hasta su cuello, su boca; su respiración se agitaba, el sabor de su piel me enloquecía, mi mano se deslizó sin oposición alguna bajo su ropa interior y pude comprobar que había logrando que su cuerpo respondiera a cada caricia, en ese instante empecé a desandar el camino, volví a apresar sus pechos, abotoné su blusa, y tras un largo beso, que tampoco tuvo respuesta, me retiré.

Los días transcurrían como si nada hubiese pasado, nos reuníamos para hacer el informe, pero no se hacía mención alguna a los sucedido, yo seguía contemplando sus movimientos y gestos, su voz me cautivaba y su perfume me embriagaba, pero casualidad o no, no habíamos coincido más a solas.

El día de la entrega del informe se acercaba y aún nos faltaba concretar algunos aspectos, así que decidimos pasar el sábado en la tarde en la oficina, con los otros dos compañeros que formaban parte del equipo.

Tanto Susan como yo nos habíamos despojados de nuestro atuendo habitual, y habíamos llegado a la oficina, ella con un Jean claro, y una camiseta estilo Custo de cuello alto pero sin mangas, yo con un vestuario un tanto hippie, mi falda de vuelo ancho color verde y mi camisa blanca; iba a ser una larga tarde, así que lo mejor sería estar cómoda.

Tras los breves saludos habituales entre compañeros, comenzamos a trabajar y después de cuatro horas Marcos y Luisa ya habían concluido su parte del informe, así que entre frases sarcásticas sobre lo dignificante que es el trabajo, se despidieron dejándonos a solas en la sala de juntas, lugar elegido como cuartel general para realizar el informe.

Era una sala muy cómoda, con un ventanal que ofrecía una vista espectacular de la zona comercial de la ciudad, una gran mesa que en ese momento estaba atestada de folios, con estados de cuenta, análisis contables, proyecciones financieras. La comodidad de la sala de juntas residía además en su maquina de café, su mini bar y un enorme sofá de cuero situado al pie del ventanal.

Eran las 9 de la noche y ya el cansancio estaba pasando factura, el cuello me dolía de estar sentada frente al ordenador. Comencé a moverlo a fin de desentumecer un poco la zona, cuando Susan me preguntó:

¿Quieres que te de un masaje? reconozco que me tomó por sorpresa

Le respondí: ¡Te lo imploro!

Normalmente llevo el cabello recogido, pero ese día dejé que mis rizos disfrutaran de libertad. Susan se acercó y con mucha suavidad tomó mi cabello y lo recogió por encima de mi nuca.

Me gusta mucho tu cabello dijo- siempre me ha gustado el cabello rizado, no como el mío que es tan liso, a lo que le dije entre risas:

Pues a mi me encanta el tuyo cariño, ¡Nunca nos conformamos con lo que tenemos!

Comenzó a darme el masaje en el cuello, se me había olvidado decir que tiene unas manos largas, finas, delicadas, era una maravilla sentirlas sobre mi piel. Advertí que ese masaje no era lo terapéutico que debía ser, me pidió que me quitara la blusa aduciendo que no le permitía llegar a la zona donde se encontraba el nudo producido por la tensión, petición a la que accedí.

Me quedé disfrutando el contacto de sus manos, de repente bajó las cintas de mi sujetador y comenzó a besar mis hombros, mi cuello, mi nuca, en un recorrido pausado, cadencioso, sutil que me erizaban la piel, acercó sus labios a mi oído y dijo mi nombre como en un susurro -nunca había sonado también como en su boca-.

Me levanté, respiraba ansiosamente, entre murmullos nos dijimos frases incomprensibles pero llenas de deseo, y la besé, al principio era un simple roce, pero Susan entreabrió sus labios invitadora y entonces atrape su boca y me perdí en ella.

Mientras nos entregábamos en un beso casi eterno, la estrechaba muy fuerte contra mi, y ella se aferraba a mi cintura, moviéndonos acompasadamente; finalmente ella se apoyó en la mesa en la que antes estábamos trabajando, encaminé mis besos a su cuello y pecho mientras que con codicia la despojaba de su ropa, mi blusa desde hacia rato se encontraba en el suelo.

Susan estaba desnuda, su cuerpo era como lo había imaginado, su piel blanca hacia que resaltara aún más su delicada belleza, era una sucesión de curvas, por las que deseaba precipitarme, fui besando su espalda, pasando la lengua por su columna, sus costados, sus caderas; acaricie sus pezones que se transformaban con cada pequeño roce; entonces se sentó en el borde de la mesa y se recostó suavemente sobre la superficie pulida que había quedado tras mover los folios. La separación de sus piernas la había dejado al descubierto y se revelaba ante mis ojos, podía observar su excitación; pero a pesar de que ante mi se exponía el lugar en el quería ahogarme, comencé besando su cuello bajando hacia sus pechos, mordiendo y gozando de sus pezones, pasando de uno a otro, succionándolos lentamente, disfrutando los cambios que en ellos se producían; recorría su abdomen y su vientre, mientras ella se enredaba en mi cabello y guiaba mis movimientos.

A susurros me pedía que siguiera, invitándome a bajar, fui besando el interior de sus muslos recorriendo sus piernas suavemente, perdiéndome entre ellas, estaba plena de humedades, temblores, gemidos tomé con mi boca cada uno de sus pliegues, y allí bebí su deseo, transité cada uno de sus resbaladizos rincones, y me quedé rodeando el lugar preciso desde donde conducirla al éxtasis, me embriague con su olor, pero ahora no era su perfume, era el aroma de su cuerpo, estaba cumpliendo mi sueño, y ella con cada movimiento de sus caderas elevaba la intensidad de sus mareas.

Las manos de Susan habían soltado mi cabello y trataban de aferrarse a la mesa, su espalda se arqueó, sus jadeos ya no eran entrecortados, sino seguidos. Sentía que estaba lista y que quería llegar, yo no podía parar y seguía rodando en ella, sintiendo su calor, hasta que un gran gemido me hizo saber que había llegado al orgasmo, su respiración descendió, subí lentamente por su cuerpo hasta llegar a su boca, y besándola suavemente la abrace.

Tras unos instantes se incorporó y me condujo al sofá y ahí comenzó a conocer mi cuerpo cada pliegue, cada zona, cada milímetro fue besado y acariciado, nuestras pelvis se examinaron, nuestros pechos se hallaron, nuestras piernas se encadenaron, en definitiva, nuestros cuerpos se fundieron y se amaron.

Eso sucedió hace seis meses, entregamos el informe a tiempo, a mi me han trasladado nuevamente a la torre Sur, y ella ha cambiado de empresa y de pareja, Alex forma parte de su pasado...yo de su presente.

4 comentarios:

Camino dijo...

Muchas Gracias...
Releyendo me he dado cuenta que se cumple perfectamente el refrán "en casa de herrero cuchillo de palo"...hay algunos acentos ausentes...

Es un honor para mi participar en este magnifico lugar.

Besos

Angelica Riascos dijo...

Me gusto mucho, aunque en el principio me confundí un poco al leer las relaciones entre si de los personajes...
Lorca....sabes que nos debes alguin...y lo espero con ansias :)

relatos de lorca dijo...

Camino el honor es todo nuestro, y si te sirve de consuelo, ni m,e había fijao.
Angélica, el relato en el que has posteado no es mío es de una muy buena amiga, que espero que siga colaborando con nosotras, esto ......no entendí lo que me dices.
Besos a ambas
Lrc.

alma dijo...

Ainss a mi me ha encantado a conseguido escalofríos ..así q es bueno!!!